Por más peripecias que uno haga en la vida, el reloj no se detiene…
Por suerte! Porque eso significaría el fin.
Por más peripecias que uno haga en la vida, el reloj no se detiene…
Por suerte! Porque eso significaría el fin.
Llegué con la puntualidad más que atrasada de los transportes panameños. Monique me identificó entre la gente que descendía del bus con sus bultos y pertrechos varios.
La estación era tanto más decadente cuanto mugrienta, y con rostros nada amigables.
Tras la cena de Navidad con la familia de Goyo, nuevos pasos comienzo a gestar. Algo así como la cuenta regresiva hacia el fin de la vida nómade, aunque aún me quede cierto rato para detenerme...
Dónde?
Con el sol en el levante, desanduve la estela de la lancha que me devolvió a Almirante, la ciudad continental desde donde salía el bus para David.