Tras la cena de Navidad con la familia de Goyo, nuevos pasos comienzo a gestar. Algo así como la cuenta regresiva hacia el fin de la vida nómade, aunque aún me quede cierto rato para detenerme...
Dónde?
Esa es una gran e incierta pregunta!
Así que viviendo el aquí y ahora, solo sé que me voy para Panamá city, una noche! y luego hacia Portobello en la costa Atlántica, a la casa de Monique, la hermana tan querida de Mimi de France.
Tantas veces me ha pedido de visitarla, que ahora llegó el momento.
Una jornada completa de micro desde David hasta la terminal de Panamá. Luego un colectivo local, y otro más! y arrivé a casco viejo.
El hostel muy antiguo pero majestuoso! parecía una obra de arte en sí mismo, desde la arquitectura, el amoblamiento, la decoración, los balcones, y el personal super atento, me encantó!
Llegué ya anochecida la ciudad, es una zona tan turística que no hay ningún problema en salir a caminar. Al contrario! Hay que salir a ver todo el muelle iluminado, la Catedral, sentarse en la plaza principal a escuchar músicos callejeros, mientras la brisa cálida de un día agotador, te acaricia el alma y la piel caliente.
Muchísimos restaurants de lujo, hoteles 5 stars, tiendas de diseño, artículos regionales, bares para jóvenes bochincheros, y rincones románticos para la intimidad de algunas parejas.
Una especie de San Telmo en Baires, empedrado, casas coloniales restauradas, techos de tejas y faroles, todo para la postal! hasta la baranda con los candados de los enamorados!
Muy lindo... encantador.
Me paseé un buen rato, cené y el sueño me guió a mis aposentos con el deber cumplido.
Tempranito me desperté para hacer otra recorrida diurna con las primeras luces.
Cómo había cambiado todo! los reflejos de luna mutaron por acumulación de basura en las esquinas, la música de la noche se convirtió en los ladridos de los perros que son paseados a esa hora temprana. El público elegante de los restaurants cambió por atléticos corredores en la costanera peatonal. Algunas persianas -más que grafitadas- aun estaban bajas, mientras varios porteros barrían las veredas angostas.
El día recién se ponía en movimiento, y yo ya debía partir para alcanzar un bus hacia Portobello.
Monique me estaría esperando al mediodía en dicha estación, a 3 horas de más viaje.
Allá vamos!



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