sábado, 27 de diciembre de 2025

Colón - Portobello

 Llegué con la puntualidad más que atrasada de los transportes panameños. Monique me identificó entre la gente que descendía del bus con sus bultos y pertrechos varios.


















La estación era tanto más decadente cuanto mugrienta, y con rostros nada amigables.

Monique, cual angelita de la guarda, me rescató en su automóvil blanco. A bordo, sentados cual guardaespaldas, una pareja de sus amigos, también franceses.

Encaramos directo para su casa en las afueras de Colón, a casi hora y media, bordeando el Atlántico,         


por una
 ruta cuasi mísera, aunque con praderitas de buenas intenciones, por darle cierto valor al paisaje…



Para mi sorpresa, toda esa área está habitada por franceses adinerados, que se establecen en las Marinas circundantes, o en sus propios yates, huyendo del invierno en el viejo continente. Se hacen traer sus propios alimentos, sus libros y otras necesidades no tan necesarias… y viven con el lujo y la cabeza de estar en su propia tierra.

Por supuesto conservan su lengua y sus costumbres, y apenas se integran con los locales, en calidad de “servidores”.



Sin embargo, nada puedo decir de la hospitalidad y acompañamiento con que me recibieron, haciéndome sentir una reina cual Maria Antonieta.


Mi anfitriona Monique resultó una divina, con sus 70 y pico, era tanto más ágil y activa que yo. Me llevó a recorrer playas 



 


y campiñas de las cercanías, a conocer las ruinas de Portobello con su capilla del Cristo Negro, 



y por sobre todo, me enseñó su más que encantador jardín aterrazado, una obra espléndida que viene sembrando hace más de 20 años y ya es un verdadero Jardín Botánico con especies de todo el mundo. Maravilloso!











Y otra Maravilla es su creatividad en la cocina. Todos los días prepara platos sabrosísimos, de mucha elaboración, y con ingredientes de primerísima calidad, un lujo! 



Como mi visita coincidió con los días de fin de año, y con otras visitas, ligué de todo! Ja! A cada qué más rico. AMO LA COMIDA FRANCESA!

Estuvimos de brindis de champagne y concierto en el club de marines, en la crem de la crem… a top! Una paquetería, Ja!

Nunca llegaré a entender como salto de una situación a otra, del barro al top jet, de la risa a la angustia, de la soledad al batifondo… en fin… un subibaja permanente, del cual ya aprendí que cuando estoy arriba es para disfrutar y que cuando se desciende, hay que esperar que la onda remonte…

Paradojicamente, el último día, Monique me llevó a conocer las esclusas del canal de Panamá. Obra faraónica que, al conocer su historia y ver su presente, me revolvió el estómago. La cantidad de dinamita que se empleó en abrir este paso que nunca ha sido natural, sino el empeño de ingenieros franceses y americanos con el único fin de LUCRAR!, no se dejen engañar con la palabrita con que te la quieren vender: la “conectividad”, es aberrantemente asqueante. Por no hablar de la cantidad de vidas humanas y animales que se cobró la obra durante los años de construcción.





Centenares de barcos de todo tamaño, aunque mayoritariamente playones con miles de cointeners cargados de mercancias (obvio todas las “mercaderías” tienen precio!) pasan los 365 días al ño, las 24 horas, en una sin fin “máquina de cobrar peajes” en millones de dólares diarios!!!! mientras en los alrededores, la ciudad de Colón, se cae a pedazos, las ruinas edilicias son imposibles de ocultar, tal como el hambre y la ignorancia de sus habitantes. Una vergüenza pública!



Tienen cerebro para construir semejante alarde de Ingeniería, y no son capaces de dar de comer al pueblo y/o detener las guerras del mundo?

Malditos yankees!!!

Mientras el mundo sigue girando, los gatitos chinos siguen balanceando sus bracitos dentro de los cointeners, mientras los negociados se deslizan de este a oeste -y de oeste a este- en una ininterrumpida demostración ante el “Centro de Divulgación”de la visita guiada. Que además te cobran la entrada!!! Miserables!!!!




Reconozco la inteligencia y la creatividad para sortear el desnivel que conlleva unir los dos océanos, pero, a qué costo de la Madre Tierra? A qué costo humano? Y quien se queda con la supuesta Ganancia? Los de siempre, evidentemente!

Me indignó más que el “disfrutar” el paseo. Esto de analizar, ver con otros ojos de conciencia, los pececitos de colores con los que pretenden enceguecernos, a veces se convierte en un dolor pesado difícil de compartir… Pareces una negativa, quejosa y criticona, pero no puedo ser de otra manera. Lo que veo, es lo que cuento con mi propia percepción. Allá otros…

Aunque prudente, en virtud de la buena intención de mi anfitriona, ya me voy callando…

No sé si lo del “Canal” – metafóricamente hablando – se refiere a mi inminente paso a otro estado: de nómade a fin de viaje. De un proyecto de vida en movimiento, a otro más estable (¡?), casi como un “canal de parto” (Parto de “partir”???, ja!), con todas las incertidumbres y las correspondientes dudas….



Y entonces nacerán nuevos ciclos, nuevos proyectos, ideas y ganas nuevas, en el nuevo año.

En un país de historias viejas, en un reconocer mi casa de antes, en averiguar si será para siempre…

Caminar, andar la Vida. Ese es el verdadero viaje!

Pasado el mediodía, volvimos con el calor abrumador hasta en la médula. Saqué unas cuantas fotos de ruinas en la vieja ciudad de Colón, 


para mi nuevo libro, y retornamos a su casa, previo paso a ver una capilla muy bonita en la cima de una colina. Pertenecía a una colectividad de monjitas de clausura, por lo que: nadie por aquí… nadie por allá… el pasto impecable, y nos retiramos como llegamos…. Aunque por mi parte, un poquito más pacificada. (A pesar de estar del lado del Atlántico, ja!)




Ya en lo de Monique, en el altar de su cocina, se puso a preparar el menú para la cena de fin de Año, mientras yo me disfrutaba la danza de los colibries frente a su comedero colgante y un cielo rojo de atardecer de dioses…


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