A la mañana siguiente ya
repuesta, y a sabiendas que a las 8,30 sale la barca que recorre el
río Mekong con rumbo a Luang Palang, decido emprender el viaje de
dos días.
La
idea de reposar en calma, lentamente, fluyendo en el agua calma de
este mítico río, me atraía como un imán. También estaba la
posibilidad de dirigirme a esa ciudad en el bus nocturno, pero a
sabiendas el estado de las rutas laosianas, preferí el agua.