Con el sol en el levante, desanduve la estela de la lancha que me devolvió a Almirante, la ciudad continental desde donde salía el bus para David.
Allí me esperaba mi amigo de toda la vida (casi! Hicimos la cuenta y ya pasamos los cincuenta años desde ese primer día de la facultad de arquitectura.., a nuestros primorosos 18!).
El recorrido de cuatro horas fue alucinantemente verde, atravesando cordones montañosos muy empinados, atravesando nieblas a ciegas, zigzagueando curvas infinitas, levantando pasajeros con gallinas y aturdiéndome con el rap de turno.
Un tanto más de Centroamérica para no variar, aunque el pavimento en perfecto estado y muy bien señalizado todo. El micro entero, o sea, sano y bastante moderno. Se notaba ya aquí la diferencia con otros países más pobres…
Goyo y su mujer, paraditos en el andén de la terminal, me recibieron con todo su cariño, y fuimos directamente a almorzar a un restaurant muy lindo. ¡Qué bien se siente estar así agasajada!
Tras copiosa charla para ponernos al día -imposible!- fuimos para su casa en Volcán, donde me destinaron una habitación y seguimos dándole a la lengua.
Al día siguiente ya me tenían organizada una travesía por el bosque de los quetzales, en Boquete, lugar turístico por excelencia aquí en la provincia Chiriqui del norte panameño.
Dimos una vuelta por los puestos de artesanías del centro y emprendimos hacia los cerros.
Ascendimos el sendero del Parque Nacional del Volcán durante tres horas en franca pendiente, agudizando los oídos para captar el canto de las aves, pero los quetzales (pájaro emblemático de larga cola turquesa y pecho rojo, googlealo) no se dejaron ver. Buah…
Pero lo que sí encontramos fueron varias cascadas o saltos de agua, además de un gigante “Cenizo” (árbol oriundo de México) de más de 1000 años! Y de un diámetro descomunal, precioso! Lleno de epífetas viviendo de arriba, ja!, lianas empaquetándolo como cintas despiadadas, musgos y líquenes, bromelias en flor, orquídeas de varias familias y unos cuantísimos claveles del aire. El pobre viejo daba albergue para todos!
Bajamos antes de que oscureciera… aunque de a tres es más difícil perderse, nadie está exento de una torcedura de tobillo.
Volvimos al pueblo con hambre, no habíamos hecho ningún picnicito al paso y las tripas reclamaban. Ellos conocían otro bonito restaurant en las afueras, una casa de pastas vero italiana. Su dueño, que las amasa allí en persona tras un gran ventanal, ha ganado varios premios internacionales y se muestra con orgullo junto a famosos actores, deportistas y políticos en las fotos que adornan las paredes del local. Hasta está en una con Maradona, ja!
Por mi parte, me deleité unos raviolones de queso con crema, que estan espectaculares. ¡Cuánto hacía que no me tocaban! Tante grazie!
La vuelta fue algo dura, ya que la ruta estaba llena, tardamos más de dos horas en llegar a la casa, obvio, directo a dormir! y soñar con arbolitos... A domani…
Nuevo día, nuevas aventuras: primero un super desayuno panameño: Patacones con salsa de cebolla y ajo. (Son unos medallones fritos de bananos verdes, machacados), papaya y piña cortaditas en bowl, y abundante café, como para empezar con todo!
Tras el banquete, paseo a Cerro Punta, pero esta vez no había que escalar, solo una caminata tranquila en un parque precioso de flores y colibríes al por mayor con las montañas de fondo.
En esa localidad, agrícola por excelencia, llamada “el granero de Panamá”, en esta época, se cultivan millones de frutillas. Ergo, paseo obligado, a disfrutarlas con crema, chocolate, yoghurt o dulce de leche! (Sí! En Panamá hay dulce de leche importado de Ecuador! Gracias globalización mediante.) en los cientos de kioscos sobre la ruta. ¡Qué placer! Sorpresas te da la Vida…
La tarde transcurrió entre ferias artesanales,donde aprecié los bordados en las vestimentas típicas de las mujeres, y algo de su joyería, para finalmente cerrar el día con una pizza vegetariana gigante!
A dormir temprano que mañana se madruga…
La esposa de Goyo es maestra rural. Trabaja en una escuelita en “La Comarca” con niños más que humildes. Es un paraje en la cima de unos cerros, por un camino de tierra, piedras y baches, de terror! A dos horas y media de viaje de su casa. Cuando llueve, los riachos que lo atraviesan crecen de tal forma que deja a decenas de familias incomunicadas, o incluso, el agua, más de una vez, se ha llevado sus paupérrimas chozas.
María, mi tocaya, se levanta a las 4 de la mañana, y su amante esposo la lleva en el jeep hasta la base de la montaña. Allí una pick up compartida, le completa el trayecto entre golpes y machucones, con un calor promedio de 34°C todos los días del año. Una verdadera heroína!
A ella le toca limpiar la sala, darles de comer antes de dar la clase (hay una cocinera que la prepara), comprar todo el material que necesite usar, y en vacaciones de verano, va pintando los muros con los bellos dibujos que además ama hacer.
Una treintena de polluelos de entre cuatro y ocho años, anidan entre su falda, dispuestos a aprender lo básico antes de la lecto escritura, una especie de nivel kinder surtido.
Vienen a pie, de lejos, de entre los matorrales, a veces los siguen las cabras, que los esperan como perras fieles. Sucitos, flacos, asustadizos, pero con unas sonrisas tan blancas como verdaderas, cuando saludan con un respetuoso: -”Buen día Maestra” -y ella se hincha de gozo y cansancio.
Desde el primer día me invitó a acompañarla el día lunes, último día del ciclo escolar. Debía entregar las evaluaciones y las planificaciones para el siguiente año.
Por supuesto que dije que sí iría. Una experiencia que ninguna agencia de turismo promociona.
No voy a decir que no duele seguir viendo tanta pobreza en el mundo, pero también viví un destello de bonanza al ver el Amor de esas maestras (eran cinco o seis en otras aulas) que lo dan todo! Sus empeños en promover a esos niños olvidados de Dios, en darles una oportunidad de aprender, de crecer, de tener un lugar en la sociedad. Sentí la Esperanza hecha Escuela...
Más allá de las quejas por los salarios vergonzosos, la falta de infraestructura adecuada, la ausencia de docentes especializados para algunas areas como deportes o artes, o la ninguna atención especial para los chicos discapacitados, el 0 soporte a las familias, y tantas otras deficiencias, las Maestras sonrien, abrazan, acarician, sostienen la cuchara…
¿Cuántas de estas almas humildes, trabajadoras silenciosas, cumplen con esta invisible labor, escondidas en las selvas, los campos, los desiertos…?
Ellas no aparecen en las noticias, mucho menos sus tenaces alumnitos, tampoco en las pantallas se muestran los caminos ni los salones desnutridos, pero Ellas están ahí, firmes, serenas, sembrando Luz, alimentando los sueños de tantos chiquillos que algún día serán los ciudadanos del futuro.
Gracias tocaya por haberme mostrado la realidad salpicada de optimismo y confianza, aunque llena de heridas viejas.
Gracias por esta ilusión...de un mundo mejor.
Al mediodía desandamos la cuesta y al llegar a la ciudad de David, disfrutamos un almuerzo de privilegiadas. Luego tocó turno médico para Goyo, y algunas compras navideñas en un shooping.
Otras dos horas de carro, como aquí le dicen al auto, y retorno al hogar dulce hogar, todos palmados después de madrugón.
-Hasta mañana se-ño-ri-taaa…
Hoy día casero, calmo. Me estoy poniendo al día con escritos, balances, limpieza de memoria del celular, cartita a Papá Noel, saludos navideños virtuales y esas yerbas.
Naa special, ja!
La “previa” a la navidad.
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| colchonetas para los chicos de la escuelita |
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| regalito de jacaranda por crecer... |
Cuando una era una señora de su casa, a esta altura se la pasaba haciendo compras, preparando comida, haciendo listas de lo que faltaba, limpiando vidrios, encomendando pedidos a los invitados, organizando horarios, contando platos y sillas, etc. etc.
Cuando una es una viajera y poco o nada te dejan hacer tus anfitriones, tenés todo el tiempo del mundo para saludar y agradecer a todos los que te acompañaron en el camino… y cuando empiezas a revisar la lista de todos esos ángeles y encuentros fortuitos, algunos convertidos ya en amigos, otros de paso, pero todos con el corazón en la mano, recordando el momento compartido, recién ahí te das cuenta de todo lo que brilló a tu alrededor, todo lo recorrido, todo lo vivido!
Es como volver a ver la película en cámara rápida, con el diario del lunes en la mano, ja!
Y aunque los ángeles no usan whatapp, hay alguien (o algo) allá Arriba, que bien sabe todo lo que le Agradezco.
Por la fuerza, la vitalidad, la salud, la energía, las decisiones, las oportunidades, los encuentros, los favores, el clima de cada día, las rutas y los senderos, los de la Tierra, los del Cielo y los de Adentro. Por las comidas, por los aprendizajes, por los desafíos, por los bailes, por la música, por las palabras, por el dinero, por las dudas, por los miedos, por la confianza, por las intuiciones o las certezas, por los sueños, por las utopías, por los descubrimientos, por las lunas, el mar y los tantísimos verdes que luce la Madre. Por los aromas, las texturas y la magia escondida.
Por TODO GRACIAS!!!, a quién corresponda.














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