sábado, 28 de julio de 2018

¡Viva la música!



 Roger preparó un desayuno especial de despedida, con bananas, frutillas, uvas, higos acaramelados, y croissants!

Yo chusmeé el Facebook, y allí estaba la esperada respuesta de Gaby! Se acordaba de mí!  Se alegraba de mi contacto! Maravilla de la era de la comunicación! Después de 40 años volver a conectarnos!

Me contaba que es feliz en Suiza, con 3 hijos ya adultos, que trabaja 4 días a la semana de enfermera en un hospital donde su marido es médico…. Y que quería saber de mí.  Me alegro la mañana! (más de lo que ya estoy últimamente!) 

Roger me llevó con su camioneta, a la salida de Quebec, no muy seguro de mi sistema de “hacer dedo” en las estaciones de servicio. Insistía en que debía tener un cartel grande, aunque aceptó que cada uno tiene sus sistema. Quedó sorprendido cuando ni bien me bajé de su coche, al preguntarle al primero que estaba cargando nafta, me dio su aprobación y metió mi valijota en su baúl.


Roger le recomendó que me cuidara, y nos despedimos con un inolvidable abrazo “a lo argentino!”.

Pierre-Louis resultó un instructor de “Polo en kayak”, y llevaba todo su equipo en el baúl, ya que iba a una competición en un lago cercano.



Me fue hablando de economía circular y de los orígenes de las religiones actuales comparadas con las mitologías greco-romanas, super interesante!  Y encima le entendía todo! Lástima que resultó corto el trayecto.

Quedé en una recta donde era muy difícil que alguien parara, ya que los autos circulaban a mucha velocidad.

Sin embargo, otro ángel estaba encargado de la situación:

En dos minutos, clavó sus frenos Charles. Al subir, me presentó a Amazonas y a Maxime, dos jovencitas de 13 y 12 respectivamente, sobrinas postizas del conductor.
Ofreciéndome de la cajita de cerezas que estaban picoteando, me contó que iban a un concierto en Sainte Irenee, y que si quería podía ir, porque era una actividad libre y gratuita, de todo el domingo, con unos músicos al parecer muy prestigiosos.
Por supuesto dije que me encantaría pero que ya tenía planes para tomar el ferry de Saint Simon a las 13 hs.

Como iba con tiempo, al llegar a Saint Irenee, y ver que era un lugar maravilloso, una universidad modernísima rodeada de jardines y bosques de película, acepté escuchar “un ratito”.

Charles me propuso dejar la valija en el baúl, y me dio las llaves!!! Para que yo tuviera la libertad de retirarme de la sala cuando quisiera. (Luego se las podía dejar bajo una rueda).

Se dan cuenta lo que la palabra “CONFIANZA” significa?  Y después me preguntan a mí, si no me da miedo entrar a autos con desconocidos?

Este muchachito me estaba dando las llaves de su auto, conociéndome apenas 30 minutos antes!  Maravilloso!



Y Maravilloso resultó lo que ví y escuché en el escenario: Un trió de piano, violín y violonchelo, contando la historia de la música, con pasajes de autores y músicas de todos los tiempos. Desde que se generó el sonido en las cuevas, hasta la armada en los sintetizadores. Todo ensamblado en un diálogo de lo más ameno entre los tres músicos y sus instrumentos: a saber, papá pianista con su esposa violonchelista, explicándole la historia a su hija (9) violinista!  Tres genios!!!  Increíbles!!!  Un dinamismo, una plasticidad, ni una nota discordante, y pasajes de exigencia!  E X C E L E N T E ¡!!


De más está decir que me quedé hasta que terminó, y ni me importó el horario del ferry en la siguiente localidad. Ya habría otro más tarde…

Al salir, le super agradecí la invitación, y las chicas (estudiantes de música) estaban contentas que me hubiera quedado y disfrutado.

Charles me presentó a sus padres, que vivían por ahí cerca, y éstos, encantados, me invitaron a un almuerzo familiar en su casa, frente al río Saint Laureen. Otro lugar increíblemente bello!




La casa con un montón de detalles de flores y adornitos marinos, más toda la buena energía de una familia en paz.





Las chicas me llevaron al altillo y me mostraron “reliquias” de granjeros, improvisaron una batería con maderas viejas, y nos reimos de tonterías, como buenas adolescentes (ellas!)

Por la ventana ví pasar una tanda de caballos por la playa…. ¡Qué embeleso!




Después del almuerzo, no me dejaron ir!

Seguían los conciertos y ya me estaban invitando a cenar en el de cierre que era con cena incluída, y ellos ya tenían “justo” un boleto de más de otro amigo que no podía asistir. 

Después de asistir a la calidad del concierto de la mañana, imposible desechar la invitación, y me dejé tentar. Ya Dios provería dónde dormiría esa noche.

A las 15 hs. otro genio interpretó la vida de Listz, en un monólogo teatral mientras tocaba sus piezas durante todo el relato. Se fue cambiando la chaqueta, el moño o el sombrero a lo largo de la interpretación como marcando el paso del tiempo, sin interrumpir la música. Dedos de oro!  Me hizo llorar y poner la piel de gallina…



El mundo está lleno de gente con unos dones maravillosos, desde la genialidad de la creación, a la generosidad de su entrega.  Y no me refiero sólo a los artistas, sino a tanta gente anónima que me va acompañando en este viaje, en la vida….



Tras los merecidísimos aplausos de sala plena en pie, pasamos (Charles, sus padres, Amazona, Maxime y yo ) a otra sala en otro pabellón, dónde había un espectáculo de flamenco. 

Una bailadora espectacular al compás de las palmas, el cajón y la guitarra de su grupo. Quién me hubiera dicho a mí que en el día de hoy iba a tener estos regalos del Cielo????...








Tomándonos un recreo, bajamos todos como el clan que éramos, a la playa!



Atravesamos las vías del tren de Charlevoix*, costeras al río, casi digo mar, recuerden que es muchísimo, muchísimo más ancho que el Río de la Plata.

La madre extendió una gran lona, del tamaño de una cama matrimonial! Y todos los adultos nos acomodamos en las puntas para que no se volara, mientras las chicas se metieron vestidas y todo! al chapuzón. Estaba el agua helada, pero para ellas 0 importancia.

*Charlevoix  es el tren que yo quería tomar, pero que había desistido por costo, destino y horario de partida de Quebec. Finalmente llegué al mismo punto, aunque por las mías y a mi tiempo!  Quién dijo que los Milagros no existen? Ja!





Volvimos a la casa para que las chicas se secaran y la madre se encoquetó un poquito. Mientras Charles hizo unos llamados y sonriendo me ofreció la posibilidad de ir con él y las chicas, a la casa de su padre en Tradusac  (150 kms. más al Norte) (El marido de su madre, resultó que no era su padre pero lo parecía en todo momento).

Con todos los gestos de confianza que había tenido y con la excelencia de todo lo ofrecido, no dudé ni un segundo de aceptar la invitación, aunque no tenía ni idea dónde sería Tradusac, ni dónde quedaría mi ferry…

El concierto vespertino resultó otra maravilla para no variar : arpa y un xilofón medio turco hicieron una delicia de sonidos medio orientales medio contemporáneos. Algo así como el menú agridulce con el que nos convidaron. Exquisito en todos los sentidos!


Con el dolor de la despedida después de todo un día compartido, me despedí de la madre y su compañero, y seguimos viaje en el auto de Charles con las chicas.



Estaban tan contentas que yo siguiera con ellas a la casa del abuelo (que tampoco era abuelo real ya que no eran hijas de Charles, Ja!) que iban cantando a capella a dos voces, como dos privilegiadas que eran.

Hora y pico después, ya anocheciendo sobre el río, lo atravesamos en otro ferry, y pasamos a Tradusac. 


Resultó una villa de lo más animada, ya que desde allí salen los barcos de avistajes de ballenas, que estaban en plena temporada. Un mundo de gente!

Sin detenernos en el centro, seguimos por la ruta. En un momento Charles dobló por un caminito arbolado ya oscuro. Al fondo una lucecita indicaba la presencia de una casa.

La foto la tomé al día siguiente
Enseguida llegamos a la luz y a la sonrisa de Gerónimo que nos estaba esperando! 
Como si me conociera, tomó mi valija y la llevó directo a uno de los seis cuartos que tiene la casa de tres plantas.

Cuarto con cama doble super mullida, con baño privado, y vista …..al lago!!!

Las chicas corrieron a ponerse las mallas nuevamente, a pesar de la hora! Ya era cerca de medianoche, aunque en esas latitudes, apenas oscurecía.

Gerónimo me mostró orgulloso su casa super bonita que él mismo remodeló hace unos años, y dónde gustoso recibe a todos sus nietos y amigos de sus tres hijos.  Sobre la mesada de la cocina había dos grandes panes humeantes recién amasados por él mismo.

Abrió una heladera repleta (todo en él denotaba abundancia y generosidad!) y destapó tres cervezas haciéndome señas que lo siguiera al jardín de atrás.

Bajamos unas escaleritas de piedra en penumbra y llegamos a una plataforma flotante con dos sillones hamaca, y el bote a sus pies.



Las chicas se zambullían ininterrumpidamente desde la escalerilla, y me invitaban a imitarlas.

Pero con la sobriedad (¿?) de una más que adulta, sólo me permití arremangarme los pantalones y dejar colgar mis patas en el agua. Estaba calentita!  Que delicia!  Más regalos del Universo…: cielo estrellado sobre un lago, cerveza helada, buena compañía  y risas de niñas contentas!   Gracias Dios por tantas bendiciones!!!  ¡Qué día!...  Y todo por aceptar “cambiar de planes”, el famoso dejarse fluir, aceptar la Vida como viene…  no cuestionar! No planificar!  Sólo SER y ESTAR! Aquí y ahora!   Y qué “Ahora” maravilloso..!

Y aún no terminaba!

Comenzó a refrescar y volvimos a la casa para otra vuelta de botellitas y pan con manteca de medianoche!

Amazonas y Maxime volvieron con piyamas puestos y ganas de jugar a las cartas!  Charles se sumó y estuvieron como una hora más disfrutando el encuentro. Yo miraba sin entender demasiado las reglas, pero disfrutaba al unísono las mulas y las trampas, como en todo juego que se precie de bien!

Finalmente la bier hizo su efecto; me despedí a mi aposento, feliz, agradecida, sorprendida, rendida…



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