Me hablaron entonces de Hoi An, como la ciudad más bonita de Vietnam. Por supuesto opinión de los turistas en Trip Advisor y otras malas yerbas, así que la población de extranjeros estaba garantizada. Ergo, no frustrarse!
Obvié la ciudad de Da Nang donde me dejó el bus de madrugada y con un colectivo local me fui a ver la “Catedral de Mármol”, nombre más que definitivo para unas enormes cuevas donde la industria pétrea hace su mejor negocio: extrae el noble material para esculturas, muebles, dioses, y adornos de jardín, y a su vez. Mercadea con los miles de turistas que nos acercamos movidos por la curiosidad.
Resulta que en medio de la ciudad, una común y corriente, se yergue, intrépida, esta gran montaña donde desde hace centenios se venera el culto a Buda, para variar, y a la vez, se hacen las extracciones. Incluso dicen que durante la guerra, sirvió de hospital secreto, por su inverosímil ubicación.
Lo cierto es que -advertida de lo dificultoso de su escarpada trepada más los 36°C que ya se vivían a las 7 de la mañana- llegué bien temprano, con todos los bríos.
No estaban los guardias de la entrada ni las boleterías abiertas, mucho menos el malón de turistas, por lo que las subí más que contenta y admirada. Realmente muy llamativas y bonitas cavernas a cada paso, con ofrendas de frutas, agua y flores para las distintas divinidades que dicen las habitan.
Por mi parte, yo agradecí a mis propios angelitos, por permitirme esta visita en el silencio tempranero, a tiempo de finalizarla cuando ya los micros de los chinos de turno, se estacionaban en los alrededores.
Dedo mediante, proseguí hacia el hostel que tenía reservado en Hoi An, y esta vez sí resultó directamente sobre la playa. Encima tenía piscina propia! Y lo más increíble de todo: TODO, desayuno incluído! Por u$s 1.- al día. Vietnam tiene estas cosas que no se pueden creer…
Me la pasé en el agua, del mar a la pile y de la pile al mar, para aflojar la mufa de los últimos días.
Me hizo rebien.
Encima conocí a otra argentina, de mi misma edad, y compartimos un día diferente, meta charla en español, ja!
La ciudad, tal como habían prometido, es de lo más “pipí cucú”, pequeñita, es un casco antiguo con templos y ruinas para variar, a lo largo de un río que de noche se convierte en la Venecia vietnamita. Precarias góndolas del subdesarrollo, surcan sus aguas al ritmo de los remeros, mientras los paseantes depositan candelas encendidas en unos platillos en forma de flor de loto. Nada ecológico por cierto, aunque sumamente bonito y romántico.
A la mañana siguiente, miles de cartulinas de colores se hunden al son de sus podredumbres, para repetir el ritual cuando llegue la siguiente noche.
Ambas orillas están llenas de restaurans y negocios de venta de souveniers, artesanías made in China al por mayor, y millones de farolitos de colores encendidos colgando de árboles, marquesinas, puertas, cornisas y cuanto gancho encuentren. Los hay de todos tamaños y de diversas telas estampadas, siendo tan famosos que puedes tomar un curso de cuatro horas para aprender a hacerlos. Me quedé con las ganas, porque no es cuestión de andar acarreando un farolito los próximos seis meses, como así tampoco me puedo traer el típico sombrero cónico de paja que me tiene encantada para mi jardín. En fin… todo no se puede, decían las viejas, ja! (Ya lo dije más de una vez!)
Aunque sí me traje en el alma, la visita a un museo de un fotógrafo francés contemporáneo, Rehahn, que, habiendo visitado Vietnam hace más de 20 años, se enamoró de sus etnias y los tejidos que estas mujeres hacían. Entonces encaró una investigación y un seguimiento de sus tradiciones, los trajes típicos, su gastronomía, sus actividades, y todo lo plasmó en este museo pequeño pero abundante, en esta ciudad que lo tiene enamorado. Por mi parte, me lo disfruté unas cuantas horas de la tarde.
Esa noche disfruté la caminata ribereña con la tana que había conocido unos días atrás en Da Lat, y compartimos unas baguettes típicas al compás de una sabrosa charla. Ella también ama la lectura y es escriitora. Dios las cría, y ellas se van a Hoi An! Ja!























No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Si querés, dejame aquí tu mensaje o compartime tu Milagro...