En la escuela me hablaban de los orientales y/o de los asiáticos, incluyéndolos en una supuesta raza “amarilla”. Obviamente tal definición viene de los blancos que nos creemos el centro del universo, y por antagónico, definimos a los “negros” como los más despreciables.
Eso ya pasó! -por suerte!
Ni los negros son tan negros ni malos ni la piel tiene colores tan exactos.
De hecho el espectro de blanco puro, ya en fotografía es muy difícil de conseguir, ni te cuento con las diferencias genéticas de origen en los humanos.
Idem para los pardos, ocres, zanahorias, aceitunas, grises, mulatos, azabaches, y todos los grados de negrura que se te ocurran.
Todo es relativo! -ya lo decía el Einstein.
Los verdes están reservados para los marcianos, o para ciertos estados de ánimo o inmadurez.
Los violetas para los santos, los papas, y algún que otro ser extraño en los dibujitos animados.
Y ahora me explayaré con respecto a “los amarillos”, que tampoco son tales. De hecho a las jovencitas, anque las viejas, viven tapadas de pe a pa, para evitar tostarse la piel. Es de baja alcurnia andar arrugándose por efecto del febo. Para ello recurren a pintorescas sombrillas, sombreros con grandes aleros o los cónicos típicos vietnamitas, cremas, anteojos, barbijos, antifaces, caretas plásticas!, y la mismísima sombra de sus propias multitudes. Ya las geishas se empolvaban el rostro con pegotinas blancas tratando de irradiar un color que no les era propio, pero que se creía superior.
Si bien por cultura, evidentemente tenemos cosas que nos diferencian, prefiero hablar de “curiosidades”, a saber:
- Es una ley no escrita, pero la obligatoriedad de descalzarse para entrar a una casa, un templo, un negocio, y hasta para subir al auto! es una constante. De hecho ante cada portal, se entreveran decenas de zapatillas y ojotas de diversos modelos, sin ninguna complicación. A nadie se le ocurriría pensar que a la salida, le faltaría su par. Eso se llama “Limpieza” y “Confianza”. Algunos lados tienen coquetos estantes para dejarlos a la entrada, pero la gran mayoría de las veces, te toca dejarlos directamente en la vereda. O en atrio del templo que visitas, junto a otros cientos de pares! Desparramados sin ton ni son.
- Otra curiosidad es que por estos lares, Sudeste asiático en general, no hay micros de larga distancia con asientos. Todos son coches cama. Y cuando digo “cama”, es exactamente eso!.
Cada recinto, a modo de cápsula privada , tiene un colchón -que se reclina a tu gusto, tanto la cabecera como la piecera- casi ortopédico. Con su correspondiente almohada y frazadita. Corres la cortina que te separa del pasillo, y estás como en tu propia cajita. Tienes luz privada, aire acondicionado, enchufe para la compu y el celu. Como son alfombrados -los zapatos te los quitas antes de subir- son muy silenciosos.
En las paradas intermedias, las de 10 minutos para ir al baño y comprar alguna golosina, tenés un cajón lleno de ojotas que colocan delante del último escalón de la puerta, para que bajes “cómodamente”. Al regresar y volver a subir al micro, dejas la ojota que te tocó en suerte, en el mismo cajón, y te diriges a tu colchón con los pies limpitos.
- Sigo con otra diferencia física muy notable a mi altura: Por aquí casi no hay canas! (Tema policía lo toco más adelante). Me refiero a que los pelos, tanto de hombres como de mujeres, son pelos tan renegridos, fuertes, lacios, abundantes, sanos! Que pareciera que nadie se tiñe, mucho menos encanece.
Alguna-os adolescente intentan un rubio tan artificial como ridículo, pero eso es moda pasajera. La realidad es que las mujeres cuarentonas o más, no necesitan teñirse, ni andan probando mechitas ni decoloraciones. Parecen bien orgullosas de lo propio. Creo que su salubridad, brillo, calidad y cantidad se debe a algún beneficio en su alimentación. Todo lo contrario de lo que les pasaba a las africanas, que, entre tener poquito y rizado, se la pasan agregándose implantes, trenzas, postizos y colorinches raros, que cada vez merman más sus escasas cantidades propias.
- Tampoco se ven hombres calvos, no es ni moda ni degeneración, simplemente todos tienen cabello, y abundante!
- ¡Tampoco hay gordos ni gordas! Ni flacos esqueléticos muertos de hambre, al contrario! La gran mayoría goza de cuerpos armoniosos, bien formados, a lo sumo, algún “rellenito” un tantito de más, de estatura mediana, caras plácidas y sonrisa perpetua. Tanto que me pareciera que los huesos de los pómulos están más altos que en otras latitudes, evidentemente es mezcla de genes y cultura alimenticia, como de tradiciones espirituales. ¡Bravo por ello!
No dejo de pensar en el sufrimiento sostenido de tantísimos de sus ancestros, como los de Laos y Camboya, durante los largos años de macabras e inútiles guerras a las que han sobrevivido… y aún abren sus brazos hospitalarios para mostrarnos las bellezas de sus tierras.
- Aquí pareciera que hay más motos que personas! Las ciudades son un infierno de masas de dos ruedas pitando sus bocinas ininterrumpidamente. Las bicicletas desaparecieron dando lugar a este ruidoso transporte, evidentemente la “ley del menos esfuerzo” ganó la batalla. Por otro lado, debe ser muy económico y se ocupan con 3, 4 o más personas, familias enteras, con paquetes, con rollos de alfombra o incluso algún mueble! Son increíbles con la versatilidad con que se mueven cargando lo inimaginable! Cruzar la calle es la mayor odisea inimaginable, creo que más difícil que llegar a Marte. Simplemente debes avanzar con la vista al frente (mejor no mirar tu propio suicidio!) con paso firme y seguro, y ellas te esquivaran haciendo insólitos zig zags. Es increíble pero aún no he visto ni un solo accidente. No sé como lo logran, parecen esas formaciones de pájaros o de peces, que ante una orden invisible, todos cambian de dirección inexplicablemente, algo así! Al tercer o cuarto día, ya no dudas, te entregas a la ventura seguro de tus superpoderes.
- La gran mayoría ni se entera que hay algo llamado casco. 0 medidas de seguridad! Obvio celular en la mano y faso entre los dedos. Incluso ves “niños” más que menores de edad, manejando. En las escuelas, estacionan de a centenares, y a la salida los ves de tres o cuatro montados con sus mochilas y sus sonrisas.
-Tampoco se enteran de reglas de paso, lugares de estacionamiento ni carriles. Vale Todo! Las veredas son los parking por excelencia, por lo que los transeúntes debemos movernos arriba y abajo del cordón intermitentemente, entre pozos, basura y roturas, más carros de todo tipo, autos, micros y esos triciclos donde uno pedalea atrás y el vago de turno (turista) se deja llevar.
- Con respecto a los carriles, ya desde África, que cada dos por tres, estoy a punto de ser atropellada. Nunca me acostumbro de que lado van los autos en las carreteras o avenidas principales (en las calles chicas van de cualquiera! Incluso en diagonal o doblan en “U” en medio de ellas, como si nada). De acuerdo al país predominante que los haya conquistado (Inglaterra o Francia) es el lado del que tienen el volante los autos, ergo el sentido del tráfico, los supuestos semáforos (si los hubiere) y la cartelería (si la pudiera leer). Cada vez que cambias de país, te debes reeacostumbrar de nuevo a que lado mirar para cruzar! Aunque a esta altura ya aprendí, que mejor para todos! Aún así, eso no es garantía de que no salga un burro de debajo de las piedras!
- Tema cigarrillos: ¡Aquí fuma hasta el loro! Los paquetes los venden unas señoritas con la bandeja de madera colgando del cuello, al mejor estilo del poster de Marylin Monroe, que los ofrecen en las calles a diestra y siniestra. Además se venden en supermercados, en las farmacias, en las librerías, uff! Impensado! ¡Hay mil marcas! Y está permitido fumar en todos lados, esto es retrógrado para los occidentales, pero aquí los ves en su desparpajo en los restaurants, en los buses, en el banco, en el teatro, y hasta en los templos, envueltos en una nube de humo maloliente! En fin…
- Tantos cigarrillos como tantas motos, como tantas personas, como tanto arroz! Aquí el pan no se conoce, salvo alguna “bakery” exótica que quedó de la época de colonia francesa. Aquí todo es arroz! Pero un arroz blanco gomoso, asqueroso, pegoteoso, más que pasado, sin sal, horrible! Y sino, el arroz frito, que vaya a saber en que aceite lo fríen! La primera vez que lo probé me quedaron las tripas “sensibles” por 48 horas. Ergo, abstenerse! Y-o cagarse de hambre… en fin, todo no se puede, decían las viejas!
- Hablando de templos, aquí conviven templos budistas, de distintas impronunciables ramas, mezquitas musulmanas, pagodas hindués, taoistas e iglesias católicas. Es tan raro ver las imágenes del pesebre o de la cruz con inscripciones en lengua vietnamita! Vaya a saber que dicen, Ja! Por otro lado es fascinante ver como el respeto y la tolerancia entre tantos diversos credos tienen su espacio, ofrendas y altares al paso.
- Otro tema: Algo que realmente nos difiere culturalmente es el permiso explícito del que gozan para escupir o eructar en público, como la cosa más normal del mundo. Y en cualquier momento y lugar! Algo, para una señora “bien educada” como yo, simple y realmente asqueroso! Sin más comentarios.
- Y esto, a pesar de los barbijos! Creo que el 85 % de las personas, aún usan barbijos las 24 horas del día. Incluso los hay en compossé con el sombrerito con cuellera (para evitar tostarse el cuello) lo que los hace parecer enfundados para una guerra tóxica!
- Independientemente de la temperatura, la gran mayoría van de manga larga, aludiendo que estamos en “invierno” a pesar de los 35°C.! o lo que es peor! Usan unos sobretodos gruesos, hombres y mujeres, a modo de mameluco con capuchas para no llenarse del smog de las motos, creo yo. ¡Me muero asfixiada de solo verlos!
- Otra joyita de la indumentaria diaria son lo que para mí son vulgares “pyjamas”. A cualquier hora, en el mercado, la calle o un museo, los ves ataviados con este dúo “fresquito” de short y camisola de corte recto, tres botones al frente y solapas en “V” de bordes redondeados, al mejor estilo pyjama que usaba mi papá. Incluso los motivos de las telas me remiten a ello. Y ellos van de lo más campantes, y ni se enteran, como en el cuento del “Traje del Emperador”, lo conocen?
- Y a esto le podemos sumar que es costumbre que la pareja se compre el pyjama en combo, y andan los dos, o la familia entera (he visto a mamá, papá, y 3 hijitos!) todos con el mismo estampado y modelo. Pensar que acá te hacen diferenciar a los mellizos para no traerles trabas psicológicas, Ja!
-El combo total por antonomasia, además del consabido celular, es que el 70% portan en sus manos, ventiladores de mano, a pila!, que acercan ininterrumpidamente a sus rostros, como una extensión de sus propias pestañas.
- Nada de lo descripto es peyorativo, sino más bien, fruto de mi observación asombrada. Lo que sí es digno de destacar, es la sensación constante de seguridad. Como dije antes, todos andan con el celular en la mano, cosa que ya en muchas ciudades al otro lado del mundo, es imposible. Nadie “cierra” las motitos ni usan cadenas ni candados, mucho menos llevarse el casco, lo dejan colgado del manubrio, y ya! Jamás escuché gritos por un carterista, ni existe la paranoia de andar guardando y cerrándolo todo con llaves. Podés dejar la cartera sobre la mesa de un café, irte al baño y allí estará al regresar. Nadie toca nada! El concepto es que si alguien dejó algo, por algo será, y ya volverá a buscarlo. Podés caminar a cualquier hora, por calles oscuras o desérticas, que no pasa nada. No sé si es porque son tan espirituales o religiosos, pero lo cierto, es que es un placer la libertad de movimiento, que te da la seguridad. No tener que andar “cuidándote” de nada!
-El único momento en que te sentís estafado, es cuando comprás algo, te dicen el precio, fruncís el ceño y ya te lo están bajando a la mitad. Con un poquín más de forcejeo verbal, terminas pagando el 10% del número inicial. Transacción que me agota y me emputece. Siento que la mercancía soy yo misma. Que ven un turista, y solo piensan en como escaldarlo. Esa constante no está nada linda, me pone “amarilla” de ira a mí!
-Lo otro llamativamente diferente es el ambiente familiar. Esto es, que la gran mayoría de los turistas asiáticos son familiones que se mueven en patotas, desde los abuelos a los nietos, incluyendo tíos, suegros, nueras, y un grupo innumerable de voces que gritan al unísono para entenderse entre ellos. Las mesas de los restaurants se alargan en infinitud de platillos y las valijas en los portales de los hoteles, se apilan como si fardos en el puerto fueran. En contraposición, los turistas europeos -o alguna hormiga latinoamericana- nos movemos solos, o en pareja exclusivamente. Ésto también me merece una acotación: ver tantísimas parejas veinti o treintañeras, a lo largo y ancho de todos mis recorridos, que su proyecto de vida explícito es “Viajar!”. Ni ahí nde nombrar la palabra “niños”, “familia” o “casamiento”. Nombran países como si de fichas de un gran tablero a conquistar se trataran. Enumeran recorridos pasados o sueños próximos como antaño los de mi generación, relatábamos las primeras hazañas de nuestros hijos o los anhelos laborales. Me cuestiono de donde sacan el dinero para tanto tickets aéreos, taxis, restaurants, hoteles con pileta y su ropa deportiva de primera marca, incluídas sus bonitas mochilas. Me cuentan que trabajan seis meses si y seis no. Que hacen voluntariados a cambio de habitaciones, que tenían ahorros… etc.. En fin, a mí no dejan de sorprenderme!
-Me acordé de otra observación: no he visto desde que dejé Singapore, a nadie durmiendo en las calles, ni mendigando. Aquí parece valer que el que menos necesita, es el más rico. Ya que a pesar de que a veces, la mugre o el desorden, el uso de las veredas como cocina todo terreno, lo precario de las instalaciones o la desidia de la gente mirando pasar la vida en sus celulares, no pareciera que nadie se muere de hambre. Ese mismo ambiente familiero que reune a tantos miembros parece cubrir y alimentar las necesidades de todo clan, y nadie queda a la intemperie ni a las migajas ajenas.
Volviendo a “los amarillos”, es ridículo de mi parte, poner todas estas descripciones en la misma bolsa y con una única etiqueta. Es como decir que en Latinoamérica todas llevan sus bebés en la espalda, los hombres usan grandes mostachos negros, o que todos bailan tango.
De hecho las facciones de un uruguayo poco tienen que ver con las de un peruano, las de una brasilera rubia con una mulata negra, etc.etc…
Así que aquí tampoco puedo decir que todos los ojos son rasgados. Los de los vietnamitas difieren sutilmente de los laosianos y camboyanos, y supongo que de los coreanos o filipinos. Aunque yo no aprecie las diferencias, ellos se reconocen.
Otro tanto sucede con sus idiomas y entonaciones, con sus escrituras, sus gastronomías regionales, con sus estéticas para con la vestimenta, el mobiliario, o lo que sea.
Con la globalización, todo se ha tornado un poco lo mismo, y un poco nada que ver…
Las generalizaciones distan mucho de la realidad.
Lo cierto es que hasta aquí, sin ánimo de enciclopedizar ningún conocimiento, es lo que mi humilde observación pudo apreciar en estos días.
Incluso es tan inabarcable el término “asiáticos”, que jamás podríamos incluir en la bolsa amarilla a los de India, Irán, Kafkafkián y todos los iáns que existen aunque no los tengamos presente, a los rusos, a los árabes, etc, etc.. y a todos los que habitan este inmensísimo continente con un nombre tan cortito: Asia.
Y “Hacia!” allá sigo… recorriendo, husmeando, disfrutando, aprendiendo, viviendo…
Y ya habrá más noticias para este boletín! Nos vemos!

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