¡Aquí estoy! Llegó el tan preciado-dudoso momento!
Desde que estaba en Vietnam que venía averiguando la posibilidad de llegar al Tibet en tren atravesando China (no quería ni pisarla, ja!)
Así me enteré, por los blogs de otros viajeros, de la existencia de este tren, famoso por su recorrido de Shangai al Tibet por encima de los 3.000 metros sobre el nivel del mar., 42 horas a bordo!
Me fascinó la idea y me lo propuse.
Pero hete aquí que entrar al Tibet no era tarea sencilla, no llegas por las tuyas y ya! Tenés que contratar una agencia china autorizada que gestione tu permiso de entrada, los alojamientos donde te hospedaras, el itinerario que vas a recorrer, los monumentos y templos que visitaras, las montañas que escalaras, etc. etc. todo programado minuto a minuto.
PUAFFF! Esto no es para mí, pensé. Yo soy la reina de la improvisación, no quiero presiones de este tipo! Así que no me decidía…
Consulté con varias agencias por internet y todas te decían lo mismo, que ni lo intente ir sola, porque no podría ni comprar el pasaje del tren.
Es más, cuando entras a China, sea por la aduana que sea, no debés decir jamás que vas al Tibet, porque no te sellaran la entrada en el pasaporte. Esto ya lo había escuchado en otras oportunidades. Parece que Tibet es la tierra prohibida, no quieren turistas por esos lados…
Lo cierto que, ya saben, cuando se me pone algo en la cabeza… me lo tengo que cumplir!
Además cerquita está Nepal y Bhutan, Bangladesh y la India, ya que estamos, como quien dice…
Quiero todo! – aullaba mi mente inquieta.
Así que terminé contratando una agencia china en lengua española que, a fuerza de 1000 preguntas y un oneroso pago, me ayudó a resolver todos los papeles: me consiguió el Permiso para el Tibet y otro tanto para Bhutan (también tienen el ingreso restringido salvo que all´, con plata se consigue), y me hicieron un “falso itinerario” por China, con pasaje aéreo trucho de salida a Londres, para presentar el la frontera de Vietnam entrando a China, con todas las recomendaciones del caso de no decir mis verdaderas intenciones, moverme con cautela, alojarme 3 días en un hotel para esperar la documentación (cortando clavos) y el pasaje real en el Tren de las Nubes, en camarote de 4 femenino.
Lograron asustarme tanto que me sentía como la protagonista espía del “Tiempo entre Costuras” de la genia de María Dueñas. Por primera vez en un viaje, me estresé.
La noche anterior a intentar pasar la frontera, me costó dormirme. Síntoma más que extraño en mí.
Por primera vez, necesité “valor”. Cosa que cada vez que me dicen lo valiente que soy, deshecho el piropo explicando que valiente es quien sobrepasa el miedo, que yo nunca lo tengo, por ende, nada de sentirme “valiente”, solo lo hago y ya! Pero esta vez, fue distinto…
No sé porqué, (memorias de otra vida, quizás?) pero me costó.
Recordando que los perros “huelen” el miedo antes de morderte, hice el paralelismo con los gendarmes de frontera, puse a un lado mis temores sonriendo mi mejor cara, y avancé.
Para mi sorpresa, no me preguntaron nada, ni adonde iba, ni que iba a hacer a China, ni cuantos días, ni el comprobante de salida, nada! Pasaron mi pasaporte por la maquinita, apoyé mis dedos en el lector de rayos, sonreí a la cámara para la foto, y me pusieron una grabación en portugués diciendo “Bienvindho a China!”. Pase…
Del border directo a la estación de tren en mototaxi, había alcanzado a cambiar yuanes del otro lado de la frontera con el resto de plata vietnamita.
Mis angelitos ya estaban allí esperándome! Ya que parecía me habían organizado la partida de mi tren para la siguiente hora. Un lujo de sincronicidad! Tenía tiempo de buscar algo para comer y todo!
Aunque en realidad, “mi tren” consistiría en la combinación de tres trenes! Con sus respectivos nombres de estaciones en chino inenteligible, y sin poder preguntar, cuanto tiempo estaría en cada uno, como para poder calcular. Nadie entendía mi pregunta. Nadie estaba interesado en explicarme.
Subí al primero sin saber donde bajarme… En fin, ya estaba jugada.
Por suerte, la Confianza nunca me abandona. Sabía que de alguna forma me enteraría. Soy preguntona e insistidora, dos cualidades que ese día me hicieron falta, hasta que finalmente, un ingles parlante, me explicó todo y ya me quedé tranquila. Tenía 20 horas por delante para quedarme quieta… con mi bolsita de papas fritas tipo “BUM”, único envase reconocible de comida.
Lo cierto, ya saben, llegué a mi destino en Chongquing, al e hotel donde llegaría la documentación.
Los tres días en cuarentena ya les conté en la Entrada anterior.
Ahora la parte de, finalmente, tomar el tren a las Nubes, real destino y paso sine qua non para Tibet!
Primero asegurarme de qué estación partiría. No es cuestión de ir a Retiro, y que salga de Once, Chongquing es la 4° ciudad de China, esto es decir, ENORME! con 15 líneas de subterráneos que se cruzan como un hormiguero.
Por las dudas, salí del hotel tres horas antes, ja! No sea cosa de perdérmelo!
Para variar, la West Railway Station resultó como tres estadios de River!, aunque todo tan bien señalizado (los números de andenes que era lo único que debía entender) que enseguida me ubiqué.
Solo faltaba que aprobaran mi “Diploma” del Permiso para autorizarme a abordar el tren.
Llegó el momento de pasar los molinetes, nuevamente muestro el ticket y el pasaporte. Nadie me pide nada más. Un oficial muy amable me acompaña al vagón que me tocaba.
Yo arrastrando la valijota que justo un momento antes, en una escalera mecánica, se enganchó mal y se volvió a romper otra ruedita!!! No era momento para lamentaciones. Paso firme y seguro, y adentro!!!
¡No lo podía creer! Ya en mi camarote!!!
Por suerte me tocó la cama de abajo.
Rogaba que no viniera nadie más a ocupar las otras tres camas. El espacio resultaría muy reducido.
Pero tanto Milagro junto, no se puede pedir. Enseguida llegaron 3 chinitas jóvenes y valijas, bolsos, bolsitas, cajas y más valijas, se introdujeron a presión, ja!
Enseguida las saludé con mis mejores intenciones de una armoniosa convivencia, teníamos por delante 42 horas de viaje, con sus dos noches incluídas! Ya casi como parientes! Ja!
Lo cierto es que Sunsong, Wanginyuan, y Wangwet resultaron de lo más simpáticas. Enseguida empuñaron los celulares con los traductores, y nos debatimos a preguntas hasta saciar nuestras respectivas curiosidades.
Ellas sacaron a relucir sus paquetes para la cena y me ofrecían de todo. A todo me negué: cuello de pavo en rollitos, lengua de cerdo en rebanadas, bolitas de no sé qué, un huevo negro que no sabías si era de morcilla o de chocolate, etc. etc. Yo fui feliz con mi lustrosa manzana, suficiente! Ya bastante aguantarme los olores de cada tupper destapado, puaj!
Lo cierto es que dormí placidamente en el espacio que me correspondía. La manta blanca acolchada impecable junto con una almohada afín. Recómoda!
Amanecí de un tirón a las 8am. Con la ilusión de ver los campos, las montañas, los desiertos… pero No! Seguíamos atravesando túneles larguísimos (a veces duran más de quince minutos cada uno), núcleos urbanos con infinitas torres y rascacielos, áreas de fábricas al por mayor, correderos de nylon kilométricos cubriendo los cultivos con los que evidentemente alimentan a semejantes poblaciones. Lo que no veo son vacas ni corrales de ningún animal, sin embargo la dieta china está basada en ellos. Los tendrán escondidos en las “fábricas”? Siguen los puentes en laberínticas rutas cruzándose a todos los niveles, autopistas, cables de alta tensión como telarañas, torres de telecomunicaciones, radares y celulares, torres de iluminación, paneles como lápidas, más ciudades, kilómetros y kilómetros de guardaraids acerados, canteras de hormigón al por mayor, grúas, máquinas viales, andamios, redes metálicas, más autos, más camiones, más de todo…
Buah!!! yo quería la serenidad de la Naturaleza cruda…
Todavía tengo esperanzas! Recién voy por la mitad del viaje.
Dicen que en unas horas pasaremos por un lago enorme, ja! Para variar...todo es ENORME! Por China!
Además, debo controlar la ansiedad y por ende la respiración, a medida que ascendemos, corrés el riesgo del “Mal de Altura”. Ya lo sufrí con desesperación en el Salar de Uyuni en Bolivia, así que esta vez, pretendo disfrutar todo leeennnnntttaaaamente…..
Así que a seguir quieta, disfrutando la ventanilla….
Esto es todo por ahora desde aquí, Houston!
Novedad!: En Xi´Ming nos hicieron cambiar de tren. Mismo número de camarote, mismo vagón, seguí a mis compañeritas cual fiel hormiguita.
Al subir a este nuevo, sí! me pidieron, con cara poco amigable, mi Permiso a Tibet. Desplegué mi diploma tamaño cuadro y lo mostré segura. Fueron unos segundos de nervitos hasta que los anteojos del guarda me devolvieron una mirada aprobatoria. Respiré,,, y me fui a acomodar con “las chicas”.
Ellas me explicaron que este tren tiene sistema de aire presurizado con oxígeno, que lo van regulando a medida que ascendemos, que el tope será a las seis de la tarde, que mantenga la calma, que cualquier cosa puedo pedir “botella de emergencia”, que ellas me ayudarían, que no me preocupe… La verdad, debo admitir que me siento bien cuidada, evidentemente mis angelitos tienen sucursal en China! Ja!
Ellas se disponen a almorzar de sus cuantiosos potes multicolores. Me ofrecen diciendo que son fideos vegetarianos, pero por su carcajada sé que no lo son. El olor picante y los sachets de sustancias plásticas irreconocibles que les agregan, me repugnan, tanto como el ruido que hacen al “chuparlos” con sus palitos. En fin…. Ya pasará, todo no se puede!, ja!
Yo tengo mis bananas, durazno, damasco, naranja y manzana en la mochila. Aguardo a que se rindan en una siesta, para disfrutármelos en saludable silencio.
Me impresiona la cantidad de “desperdicios” que generan en solo un rato, envases descartables, bolsas de nylon, botellitas de jugos extraños, palitos, papeles, servilletas al por mayor, tuppers, etc...todo a la basura! Impresionante! 0 conciencia ambiental!! 0 conciencia de alimentación saludable. 0 respeto por el espacio ajeno. Todo el mundo a los gritos, no de pelea, simplemente es su modo de comunicarse. Cualquiera se sienta en “mi” cama como si fuera el sillón de su casa, la puerta del compartimento abierta for ever, todos miran adentro al pasar, 0 intimidad. En fin, otras costumbress… Más aprendizaje para ejercitar mi versatilidad, mi paciencia, mi adaptabilidad, mi poder de asombro, mi capacidad para el cambio y la tolerancia, ja!
Mejor sigo con la lectura del “Tao de la Física” que traje para acompañarme, ja! Todo es tan surrealista, que una más…
Es impresionante como cambia el paisaje. Atrás quedaron las grandes urbes. Tras larguísimos túneles aparecimos en una meseta tan árida como desierta. A lo lejos, la soberanía de un gran cordón montañoso con sus picos nevados! De repente, todo se volvió verde, laderas, valles, campos fértiles labrados en prolijas terrazas cual piezas de rompecabezas.
A los pocos minutos, el suelo volvió a mutar en gris con enormes molinos de viento hasta donde los ojos te alcancen.
El lago Qhinghau, majestuoso, se deslizó en una planicie llena de ovejas y búffalos.
Unas carpas de tiras multicolores brillantes, parecieran oficiar de tambos o algo similar.
De nuevo las altas cumbres paralelas a las vías, más túneles, mas sorpresas al salir al sol de la tarde.
Enormes desiertos de arena parda me sorprenden sin previo aviso. Nadie por aquí, nadie por allá… la serenidad del vacío.
Cada tanto cruzamos alguna ruta con dos o tres camiones, no más… Van hacia los pozos petroleros que se desdibujan a la distancia.
Ahora hay como un gran salitre blanco veteado del amarillento de pastizales secos.
Las lomas suben y bajan indiferentes al traqueteo del tren.
Lagunas de barro bajo nubes globosas que no se llegan a reflejar…
Algunos tramos me hacen acordar a mi querida Patagonia, o será la extrañeza?
Vuelven los picos nevados como telón de fondo de otros negros redondeados más en primer plano.
Postes, postes y más postes nos siguen con la certeza de quienes proyectaron estos rieles.
Me causa tanta admiración pensar en todas aquellas personas que pusieron el alma y el cuerpo para que yo hoy pudiera “pasear” comodamente sentada en un camarote.
Me cuentan que la construcción de este ferrocarril comenzó en 1958 y recién se terminó en 2006, 48 años de esfuerzos, capital, sueños y obviamente, mucho trabajo! Gracias a quienes hicieron esta maravilla!
Me quedo extasiada frente a mi ventana… piedras de caliza blanca salpican un suelo áspero desinteresado de halagos, inconciente de su belleza, seguro de su grandeza.
El sol va bajando en el horizonte. Todo se tiñe de dorado… mi alma desborda gratitud, mis ojos no dan abasto, mi voz enmudecida ante tanto placer.
Fluir de las horas en el transitar del paraíso tibetano…
Nuevas lagunas rosadas aparecen matizando el suelo pedregoso, desnudo de arbustos, carente de árboles, solo matas turbias.
Las laderas se convierten en alfombras de eterno blanco, cual espuma de afeitar. Intuyo el frío.
Las chicas me avisan que prepare algo de ropa para la noche, la temperatura va a descender hasta los 4°C. Sé que no traje abrigo suficiente, me confié en la palabra “verano”. Vengo de más de un año a más de 35°C. Veremos… ya algún ángel hará su aporte. La belleza no da lugar a miedos mundanos.
La noche va envolviendo el infinito…
Daré una vuelta por el comedor, a ver de que se trata. Aunque sea mendigaré un bowl de arroz como la nieve, ja!
Dicho y hecho, ya desde la carta, en letras de rasgos cuadraditos que no entendí nada, por las fotos menos, así que a lo seguro: arroz blanco sin condimentar, por favor! No sea cosa que me lo inunden de soya o de algún picante. Ya me acostumbre a lo insípido, me conformo pensando que es más saludable.
Caminé a lo largo de varios vagones y lo he comprobado: soy la única occidental en todo el tren. Me miran como marciana. Nadie me habla. A veces se rien entre ellos cuando ya pasé.
La verdad es que no me importa, estoy feliz con la visión de las montañas desde mi ventanilla, con las compañeritas que me tocaron y ahora con mi bowl de arroz. ¿qué más vida? Todo para agradecer!
Ya todo oscurecido me puse a leer un rato.
En eso levanto la vista, y el cielo negro me estaba dando un regalo insospechado: una luna llena brillante, enorme, hermosa, como suspendida de la nada misma. Me quedé embobada mirándola. Cuando pasábamos por cumbres nevadas, su reflejo se multiplicaba, y cuando pasábamos por lagunas , se espejaba. Maravillosa! Más para Agradecer!
























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