Llegar al aeropuerto de Heathrow en Londres tras tantos meses “al otro lado del Otro mundo”, me partió la cabeza!
Volver a ver “blancos”, altos, rubios, fornidos, bien alimentados, vestidos elegantes, con ropas, zapatillas y valijas o mochilas de afamadas marcas…
Ver pisos limpios, paredes pintadas, carteles de publicidad, kioscos abarrotados de golosinas, revistas y souvenirs, baños con inodoros y con papel higiénico, canillas con agua!
¿Esto era realmente el primer mundo? El mundo “civilizado”?
Al mismo tiempo de sentirme “salvada” en tierra firme, sentí una mezcla agónica entre agradecimiento y repulsión.
La diferencia abismal entre la riqueza y la pobreza, entre la salud y la enfermedad, entre el todo y la nada, entre lo superfluo y lo necesario.
Me parecía estar viendo una película donde los protagonistas -miles de transeúntes, pasajeros, trabajadores, vendedores, etc.- fueran personajes sin el más mínimo grado de conciencia de sus privilegios. Todas sus vidas han estado de ese lado de la pantalla y ni intuían lo que pasa miles de kilómetros más allá de sus narices.
Tenía ganas de decirles a todos, de gritarles: “Alto! Hay otro mundo muy más que sufriente al otro lado del mar… No podemos seguir viviendo así! Derrochando, enrostrando este capitalismo absurdo, impío, terrible…”
En realidad me lo estaba diciendo a mí misma, tratando de ubicarme en qué lado de la película quiero estar.
Por un lado no puedo dejar de apreciar las comodidades y beneficios que me tocaron por el hecho de haber nacido de este lado del planeta sin haber pagado ningún mérito previo. Así cayeron los dados para mí y para tantísimos…
¿Pero porqué a tantísimos más (son los países con más población del mundo) les han caído los números tan bajos, los naipes sin valor en este juego de la vida?
¿Porqué tanta injusticia?
Pregunta del millón de tantos pensadores, filósofos, o simples mortales.
Pregunta sin intención de respuesta de tantos explotadores, poderosos, gobiernos, ignorantes y egoístas varios.
Pregunta que se instaló en mi corazón ante las primeras imágenes vividas en África, para seguir incubándose en Asia, y explotar mi mente en India.
Preguntas que me persiguen en el aeropuerto esperando mi traslado a Bristol, donde mi querida amiga Lili y su familia, me darán asilo amoroso y “reconstituyente” de mis ocho kilos perdidos (y la consiguiente debilidad física -no de espíritu!-).
Preguntas que se instalaron para siempre en mi alma, que me picarán por el resto de mi existencia. Ojos que no ven… pero yo sí he visto! Y sentido…
¿De qué lado quiero estar?
¿Qué puedo hacer yo ante “esto”?
¿Puedo realmente elegir?
¿Seguiré buscando excusas para acallarme?
¿Debo seguir poniendo el cuerpo -o al menos la cara- para modificar esa realidad?
¿Qué debo hacer?
¿Dónde?
¿Qué?…
Como gotas que horadan la piedra, estos pensamientos vienen pesando en mi valija cerebral día a día, cargándome de incertidumbres, sumadas al resto de mis dudas: -”¿Qué vas a hacer con el resto de tu vida?”…
¿Cómo ser un Ser útil para una sociedad en franca decadencia durante los próximos 32 años que me quedan? (Sí! Pienso soplar mis 100 velitas! Y qué? Ja!)
Así llegué a lo de Lili, en la preciosa ciudad de Bristol (U.K.) (tratando de no emitir juicio alguno sobre los colonizadores depredadores), abierta a recibir el amor de su hogar, un real nido de madraza gallina, que ha sabido construir junto a su marido Emi.
Estuve una semana disfrutando y sorprediéndome de los manjares del cheff oficial de la casa, mientras me pesaba día a día en la balanza del baño con toda la esperanza de recuperar mis fuerzas.
A su vez -con mi increíble suerte- mi amiga es bióloga y tenía un set de tiritas para hacerme los análisis químicos respectivos para detectar la bacteria que había invadido mi estómago, mis riñones y que la sentía en todo mi aún doloroso cuerpito. A su vez, una amiga suya, también argentina, cooperó con los consejos y atenciones. Tuve el espacio y el tiempo necesario para irme recuperando poco a poco, permaneciendo horas y horas en los sillones, en el jardín o en la cama sin culpas…
Mi eterno agradecimiento por este cobijo tan nutritivo, en familia y en paz…
Ya sin dolores, y algunos kilos repuestos, nos despedimos. Ella rumbo a su nueva beca de trabajo, yo, rumbo La France, a visitar otra entrañable amiga.
Tomé el ferry nocturno y al amanecer ya arribaba a La Normandía, feliz de reencontrarme con la lengua que tanto amo, no sé bien porqué…
De allí un bla-bla-car a Rennes y ya feliz encuentro con Mimi y su tribu (familia y amigos varios).
Además, otra excelsa cocinera y madraza, que siguió embuchándome con la deliciosa cuisine francaise, que también adoro! Sus quesos, sus pattisseries, sus ensaladas, tout! (como adoro su música, sus films y sus modales) (Tanto! Que hasta les perdono también su cuota de despiadados colonizadores, ja!)
Me homenajearon con montón de paseos: volver a recorrer Saint Maló con sus antiguas edificaciones con los entramados de madera en sus fachadas (arquitectura que también adoro, ja!), descubrir la coqueta Dinam, proyección multimedia nocturna en el frente de la Intendencia de Rennes, comedia musical con fuegos de artificio en otro pueblo que no recuerdo el nombre, paseo temático en Terra Botánica con su desborde de Naturaleza y sutiles enseñanzas, península de Quiberón, los bosques de Plumerget, los megalitos alineados de Carnac, playas y más pueblitos por la preciosa Bretagna, y hasta reencuentro en Paris! De todo un poco, y todo con muchísimo amor!
Tanto que decidí quedarme más que la semana planeada para cumplir otro viejo sueño, dentro del sueño viajero: aprender a hablar correctamente el francés!
No era cuestión de “hinchar” a mis amigos con una estadía prolongada, así que decidí probar con el sistema de “Housesitting” (que es cuidar mascotas y jardines a cambio de alojamiento gratis) y que me permitiría estar conectada estudiando a conciencia 20 horas al día! Ja! A todo o nada!
Sistema más que efectivo, ya que finalmente fui conociendo cinco casas geniales con propietarios buenísimos en cinco ubicaciones diferentes del país, una manera de viajar diferente!: Trelaze, Auray, St. Remy, Marseille y Aix en Provence.
Entre medio, aproveché otras oportunidades como ir a milongas insospechadas en Vannes, hacerme de una nueva amiga paraguaya en Auray, reencontrarme con mis amigos de casita rodante en New Zeland, ahora en la Provence, y con mi “Fantasma” preferido! (capítulo aparte, ja!) y su amigo de Montpellier con cena elegante de despedida.
Por sobre todo: meta cumplida. Ahora comprendo y hablo con un siete aprobado! según mi diploma virtual de la Alliance me concedió en cumplimiento del curso B2. Me aplaudo! Y estoy recontenta.
Para Octubre comenzaban los fríos otoñales y era hora de seguir andando, sin darme cuenta habían pasado casi tres meses de “recreo”/pausa en mi cotidiano andar.
No era cuestión de dejar La Europa sin visitar otra más que adorada amiga, e indiscutible y permanente anfitriona: la super Moni! en Madrid.
Nuevo nido-refugio, además de mi custodia de valija inicial y cambio de equipajes varios. Decidí dividir lo cargado hasta ahora, para poder continuar más liviana en mi nuevo periplo por Centroamérica, en búsqueda del calorcito.
Aprovechando que su sobrino Mariano viajaría a Buenos Aires para las Fiestas Navideñas, le propuse hacerme el favor del traslado. Compré una nueva maleta más pequeña, la quinta! en menos de dos años, ja! Pero esta vez, una de mariposa, para volar más liviana, ja!
Otro sueño cumplido por allí, fue pasar a visitar a Ignacio en Oporto, Portugal. Concertamos el encuentro unas semanas antes y todo salió a flor de gusto. Él estaba bien predispuesto y pasamos un día genial! Recorriendo la ciudad, y poniéndonos al día con temas de viajes, que son los que compartimos con más facilidad, evitando otros temas más puntiagudos donde no era propicio ni oportuno. Conclusión: Una MEGALEGRIA! Sumada a este viajón!
De Oporto a Lisboa, solo un paso. Así que allí me aguardaba mi tocaya María, mi anfitriona coachsurfing cuando los días iniciales debí renovar mi pasaporte y me alojó en su casa. Otra excelente madraza de un familión admirable.
Siendo domingo, su marido nos hizo un paseo “en carro” por varios sitios muy bonitos en los alrededores de la gran capital, compartimos un almuerzo exquisito y unas charlas interminables, prometiéndonos próximas visitas en la Patagonia.
Con el micro nocturno, regresé a Madrid, y tras una semanita de orden y visitas varias, aunque breves, bonitas! con Cristina, Irene y su genial novio mago, la Pepa, y seguro me estoy olvidando de otras) (Esta vuelta no pude llegar hasta lo de Leonor ni a lo de Araceli , ni a ver a Rubén que lo veré en Baires en enero, pero las abracé con el alma)
Entonces sí, a cerrar el círculo, saltando sobre el Atlántico, rumbo a México, al encuentro con Mariana… e iniciar la recta final, descendiendo por Centroamérica, cerrando en Panamá con Monique, la hermana de Mimí, inaugurando el Año Nuevo, y vuelta a la Patria …
Veremos, veremos...y ya lo sabremos….
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