Elegí cerrar mi último viaje con un viaje interior….
Había escuchado hablar del Vippasana en algún momento, allá por Thailandia. Entonces me lo propuse hacerlo en la India, su lugar de origen.
A medida que me acercaba al destino propuesto, me iba llenando de dudas y miedos: 10 días de silencio sería lo más difícil que hubiera hecho en mi vida!
Para cuando llegué a la India, me di cuenta que perderme (?¡) 10 de los 30 días de visa, sería una picardía. Preferí conocer el país, su gente, sus paisajes, sus costumbres y esas yerbas, aunque finalmente resultaron no tan apetecibles…
Cuando estaba en Inglaterra pensé que podía aprovechar esos 10 días para reponerme de la debilidad física alcanzada en India, pero a su vez, tuve miedo que mi nivel medio de inglés no fuera suficiente para entender las consignas. Lo dejaría para más adelante…
Ya en Francia, y con todo el tiempo del mundo disponible, apelé a la misma excusa de autosabotaje: preferí dejarlo para España.
Pues entonces, el día fijado para la inscripción en Barcelona, me levanté al alba y esperé paciente en la compu a que abrieran la inscripción, pero para cuando me salió el aviso para proceder, en un segundo, le siguió el cartel de “Cupo completo”. Qué frustración!
Decidí probar suerte en Madrid para otra fecha próxima. Llegué a aparecer en Lista de Espera, ya que al momento de inscripción me pasó parecido a la vez anterior. Ya cerca de la fecha, me derogaron la vacante. Probaría suerte en Centroamérica…
A medida que transitaba por Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, y Panamá, buscaba sedes y fechas probables, pero fue infructuoso, nada me coincidía.
Decidí probar suerte directamente en Buenos Aires para el mes de Febrero, aunque suponía que para ese entonces, ya no estaría en la ciudad. Ya eran tal mis ganas de volver a mi nido patagónico.
Me inscribí para el 25/2 y para mi sorpresa, se me otorgó la vacante, ya no tendría excusa, ja! Salvo que seguramente no estaría…
El Enero porteño se me presentó cargado de problemas a resolver, nudos a desatar, desazones múltiples, y múltiples yuyos indeseables…. Para febrero tenía el alma plagada de angustias, me habían bajado de un hondazo de mis dos fantásticos años sabáticos, como si la vida se ensañara conmigo, envidiosa de mi felicidad a tope!
Bueno, bueno, a no quejarse demasiado que hay otros que les toca la guerra, un tumor invencible o un hijo discapacitado. Lo mío era solo “administrativo-financiero-psicológico”, digamos…
Para Febrero, mi infierno personal (temporal) ardía a llama viva. Debí permanecer en Buenos Aires, aunque ni un minuto disponible para un “retiro de silencio de diez días”! Sería una irresponsabilidad largar la toalla…
Mi supuesta varita soluciona tutti, no me lo permitiría.
Para el 24 ya estaba tan desahuciada que, o entraba al retiro, o me internaban en una clínica psiquiatrica, o en una unidad coronaria.
Delegué todo en el nuevo administrador en uno de los mayores actos de humildad que me conozco hasta el momento. Y el 25 al mediodía me dirigí a Brandsen, sede del Vippasana de turno.
En honor al secreto del sumario, no revelaré demasiado en que consiste, pero sí puedo aseverar que me fue DIFICILISIMO! Fue una de las experiencias más extrañas (?) que realicé en mi vida, mucho más que el mismísimo largo viaje alrededor del mundo…
Al segundo o tercer día ya me quería ir corriendo, me preguntaba : qué estaba haciendo yo allí? Para qué corno me metí en eso..? Era la primera vez en mi vida -desde que tengo uso de razón- que me estaba “aburriendo” soberanamente. Aunque debo ratificar que cuando lograba tranquilizar la idea de la huída, me placía en igual medida el hecho de no hacer nada, y tener todo servido en bandeja. Obviamente me convenía más el limbo de ese presente que la hoguera de las semanas anteriores.
Se supone que tenés todo el tiempo del mundo para concentrarte en unas pocas consignas que te dan, pero por supuesto la mente pretende dirigir la batuta y yo era u na constante pelea conmigo misma, aunque tambien con las consignas y con el método en sí mismo. Mi faceta rebelde, no se doblega tan facilmente. Soy la eterna cuestionadora, y correctora! Aunque ellos tengan milenios practicando estas técnicas.
Solo me restaba confiar y ser paciente.
Debo confesar que me llevo exactamente 8 días y medio, llegar a una especie de portal del supuesto Nirvana, o sea, acallar la mente y lograr mi propio silencio interior.
Dejarme llevar a ese estado de absoluta NADA, donde otras cosas puedan ocurrir… o no!
Ahí sí! En ese preciso momento, pude aquietarme y entregarme… y me entraron unas ganas terriblers de recuperar el tiempo perdido.
Al día siguiente me levanté con toda mi energía para concentrarme en la meditación prevista y aprovechar lo aprendido lo más posible. Aunque esto fuera pretender tragar una torta completa cuando la tuviste toda una semana en la heladera esperando para ser servida. O toda una vida!
Finalmente llegó el día 10 y todo termino.
Perdón que no puedo ni quiero ser más explícita, porque a pesar de que nadie te pide que seas discreta, creo que es mejor que cada uno que quiera, haga su propia experiencia sin antecedentes, prejuicios ni avisos previos.
Muchos me preguntan : Te sirvió?
Y yo me pregunto lo mismo. Creo que lo vivido debe decantar y echar raices, darle tiempo antes de llegar a alguna conclusión apresurada. No se trata solo de un Si o un No, hay mucho para digerir… y fructificar. Aunque para esto se necesitaría muchas horas de prácticas diarias, cosa que hasta ahora solo me quedan en el propósito.
La vida monástica no es lo mío. Tampoco pretendo llegar a ser Bhuda. El Paraíso me quedaría muy a trasmano y lejos de mis afectos más preciados.
A duras penas podré llegar algún día a mi propio domicilio, encontrar mi lugar en el mundo.
En el mundo físico tanto como en el interior de mí misma…
Veremos, veremos… y ya lo sabremos….
Por ahora, Ohmmmmm…..


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