Con la esperanza de recuperar sana y salva mi computadora, me dirigì al local del señor “serio”.
No estaba.
Con la esperanza de recuperar sana y salva mi computadora, me dirigì al local del señor “serio”.
No estaba.
Con el desayuno a media asta entre el paladar y la alegrìa, corrì a la parada de buses, donde pretendìa tomar uno local que me sacara de la ciudad y me dejara en alguna rotonda de la ruta hacia la West Cost, punto estratègico para seguir a dedo.
Nuevo madrugòn para llegar a tiempo al bus que me conducirìa durante cinco horas a travès de montañas altìsimas, prados de mil verdes con miles de ovejitas blancas y alguna perdida negra, algunos venados pardos y centenares de vacas marrones con terrneritos hambrientos.
Parece ser que los huevos fritos con la cheese cake, no se pusieron de acuerdo en mi estòmago, y a la medianoche empezaron a pelear para ver quien salìa y por donde salía primero.