Dejar el Edén no fue fácil. Éste ejercía una especie de imán que me soplaba al oído: -”Quedate un día más…”.
Finalmente la curiosidad por nuevos territorios, ganó la partida.
Dejar el Edén no fue fácil. Éste ejercía una especie de imán que me soplaba al oído: -”Quedate un día más…”.
Finalmente la curiosidad por nuevos territorios, ganó la partida.
No sé que mágica mano me trajo hasta este Paraíso, pero indudablemente que ha acertado en mis gustos hermitaños.
Tras cuatro horas y tres colectivitos más viejos que yo, llegué a la otra salida de Honduras, o sea, a la frontera con Nicaragua.
Día siguiente, casi amaneciendo, gallo mediante, fui directo a hacer el trámite de migraciones y en santiamén ya estaba en Honduras, camino a Tegucigalpa, su capital.
Tanto había leído en internet la noche anterior, sobre los peligros de esta ciudad y lo poco atractiva que era para los turistas, que mi dedo mágico marcó una línea recta horizontal directo hacia la siguiente frontera con Nicaragua.